miércoles, 23 de marzo de 2011

Un trago amargo

Debo admitir que no soy muy versado en esto de las leyes. De hecho poco me importan y prefiero aproximarme a cualquier trámite legal lo menos posible. Sin embargo esta vez fue imposible para mí librarme de estos engorrosos procedimientos que, además, ni siquiera entiendo. Por fortuna no tuve que hacer en realidad nada, los abogados se encargaron de todo y yo sólo tuve que presentarme a declarar.

Debo admitir que durante todo el tiempo antes del juicio me sentía intranquilo, nervioso, no pude desempeñar mi trabajo como debía. No podía concentrarme ni poner atención a los pacientes. Incluso creo que a los pocos pacientes que vi debí causarles una impresión desfavorable. Yo le pedí al Dr. Smith que por favor me dejara sin atender a los pacientes directamente hasta que se solucionara mi problema, sin embargo tuve que ver a Violeta y a Espino. En mi entrevista con Violeta me comporté de la manera más desagradable que puedo recordar, incluso posterior a la entrevista, me sentí mal conmigo mismo. Esa manera tan infantil de tratar de consolarla me pareció de lo más impropio posible, sin embargo tenía en la cabeza sólo el “¿qué pasará con el juicio?”.

Debo admitir que en verdad descansé cuando, luego del juicio, me declararon inocente, y se retiraron todos los cargos en mi contra. Espero ahora poder reanudar mi trabajo con normalidad, al menos sin esa tención que estaba terminando conmigo. Finalmente me alegra que esto no haya sido más que un trago amargo y espero que ese sabor que aún permanece pase pronto y termine sólo en el archivo del olvido.